Edificios que miden el tiempo en Castilla y León

Edificios que miden el tiempo en Castilla y León.

Por Francisco Rubio Pérez  – Copyright 
Publicado en el Ágora de Castilla y León.- 20-03-2017

En la pequeña localidad zamorana de Santa Marta de Tera, pedanía del municipio de Camarzana de Tera y situado a unos 25 km al oeste de Benavente por la carretera del Lago de Sanabria, existe una pequeña iglesia dedicada a su homónima Santa Marta. Este hecho se nos antojaría irrelevante dada la cantidad de iglesias que llenan nuestros pueblos, pero este templo alberga una peculiaridad, que sigue intacta casi mil años después de su construcción.

En las fechas del Solsticio de Primavera y del Solsticio de Otoño, es decir, los días en torno al 22 de marzo y 22 de septiembre respectivamente, uno de los primeros rayos de sol del amanecer penetra a través de un pequeño óculo situado en la cabecera de la iglesia. Dicho rayo solar, proyectan su luz sobre la columna derecha que soporta un arco, subiendo lentamente desde su fuste hasta alcanzar el capitel que lo corona. 

Santa Marta de Tera (Zamora)

El capitel iluminado lleva tallada una figura antropomórfica asexuada envuelta en un vésica piscis, con caracteres un tanto místicos y cuya simbología aun esta por descifrar de manera inequívoca. 

Por su parte y en las mismas fechas de los Equinoccios, un fenómeno muy similar se registra también en la iglesia de la localidad burgalesa de San Juan de Ortega, ubicada a unos 25 km de Burgos capital y a escasos 7 km de los yacimientos paleontológicos de la Sierra de Atapuerca. 

San Juan de Ortega (Burgos)
Solo hay un aspecto que diferencia el fenómeno lumínico de las dos iglesias. En el caso de la de San Juan de Ortega, la iluminación del capitel se produce en el ocaso del sol, a eso de las cinco de la tarde, por efecto de un rayo que atraviesa una ventana situada en la fachada oeste del templo e ilumina, en un movimiento horizontal, un capitel que representa escenas de la Anunciación y el nacimiento de Jesus. 

Ambas iglesias tienen orientadas sus cabeceras hacia el oeste puro, es decir el eje central de las iglesias es este–oeste y el transversal norte–sur, marcando a la perfección los cuatro puntos cardinales. Si la iglesia burgalesa esta en el Camino de Santiago francés, la zamorana esta en el denominado Camino de Santiago mozárabe, procedente del sur y que era utilizado por los cristianos que habitaban en territorio musulmán, a los que se denominaba mozárabes o de costumbres arabizadas, aunque su religión seguía siendo la cristiana. 

Otro de los elementos que sorprende, es que los capiteles en cuestión se encuentran ubicados en la misma posición y coronados a su vez por un arco apuntado u ojival, lo que denotaría que la época de construcción es pareja, en torno al siglo XII y puede que por los mismos maestros canteros, ya que la distancia que separa las dos iglesias es de apenas 230 km, lo que en la edad media venían a ser tres jornadas a caballo y curiosamente las dos dentro del paralelo 42. .


Actual ruta a pie o a caballo entre las localidades de Santa Marta de Tera (Zamora) y san Juan de Ortega (Burgos)

El fenómeno astronómico respecto al que se articula el Equinoccio, se puede explicar hoy desde la óptica científica, mediante el momento en el que el plano de la elíptica en el que se mueve la tierra alrededor del sol, intersecta con el plano del ecuador terrestre, lo que supone que en toda la tierra y durante esa jornada, el número de horas de día es exactamente igual al número de horas de noche. Ese día tan especial, denominado ancestralmente como el Equinoccio y cuyo significado es equi (semejante) y noccio (noche) se da dos veces al año, en el denominado Equinoccio de Otoño (23-24 de septiembre) y en el Equinoccio de Primavera (22-23 de marzo).





Estos dos peculiares calendarios astronómicos y brújulas orientadoras en forma de edificio, son capaces de medir el tiempo astronómico. Su situación en el Camino de Santiago resulto ser un importante punto de referencia de las sociedad que los albergaba, ya que saber de manera precisa cuándo se producía la llegada de la primavera o el otoño y por ende, el momento de comenzar o concluir determinadas labores agrícolas y ganaderas, les daba una ventaja competitiva respecto a otros. Y ese conocimiento fue transmitido a las siguientes generaciones a través de fiestas y tradiciones, fijándose a su vez en el inconsciente colectivo del pueblo. 

En el caso de Santa Marta, no sabemos cuándo se perdió por parte de la población la referencia a este preciso e inmutable reloj, porque aunque en el siglo XVIII se coloco un retablo en la cabecera, tuvieron la habilidad de dejar un hueco en el frontispicio para que la luz equinozoidal siguiera señalando los cambios de estaciones, como lo había venido haciendo durante siglos. Cuando en 1931 se declara a esta iglesia Monumento Nacional y se inicia una pequeña restauración para suprimir los elementos anacrónicos insertados, no se señala nada al respecto. Fue un párroco de la localidad, vinculado al camino de Santiago, quien en 1996 se percato del fenómeno. De manera bastante similar ocurrió en San Juan de Ortega, donde también se había perdido dicho conocimiento por efecto de unas obras de acondicionamiento del coro y no fue hasta finales de los años 70 cuando se redescubrió, siendo las únicas iglesias donde se conoce la existencia de este fenómeno o “milagro de la luz” como algunos lo denominan. 

El bello espectáculo que ocurre en la penumbra de estas iglesias, llama cada año a más personas interesadas en observar y conocer lo que se esconde detrás de las piedras y lo que atesora nuestro patrimonio cultural edificado. 

Próximas citas, en torno al 22 de marzo y 23 de septiembre en ambas Iglesias.

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